Cuando cierro los ojos, no veo nada, pero tu imagen viene a mi mente como movida por un ser superior. Te quiero y te admiro, te deseo y te extraño. Eres lo mejor que me ha pasado, el amigo que nunca tuve, el hombre que siempre he anhelado. Tu amor lo guardo, como un diamante bruto, en lo más íntimo de mi ser. Y sin embargo debo permanecer en silencio. No puedo decir que me derrito por una mirada tuya, por una sonrisa, por unas palabras. No puedo decir que en mis sueños te amo y me amas, te miro y me miras, sonreímos y somos felices. En mis días tristes te recuerdo y me siento bien. Te guardo el secreto, me guardas el secreto y somos felices. ¿Hasta cuando? No puedo dejar de sentir angustia cuando los demás me miran y creo adivinar en ellos una sospecha, la idea de que quizá mi secreto vea la luz y se difumine. Por eso cada día salgo menos, me refugio en ti, recuerdo la forma en que me coges de la mano y me dices que para ti soy lo más grande, lo mejor. En silencio espero que la noche me haga caer en tus brazos y me obsequie con tus besos y tus abrazos. Temo despertad y volver a la cruda realidad, donde tu figura se pierde y no la consigo encontrar, donde dejo de oír tu risa espontánea y tus ojos desaparecen difuminados con la claridad del día. Entonces dejas de existir y mis recuerdos se vuelven vagos y llenos de lagunas, sin saber si eres realidad o ficción y comienza mi desesperanza, mi anhelo de que termine el día y nuevamente llegue la oscuridad. ¿Hasta cuando seguirás estando en mis sueños? Hasta que los sueños puedan hacerse realidad.
08 abril 2009
La alambrada
Ojos perdidos en el infinito manos que atrapan la malla.
Una flor que brota a veces la sonrisa que arriba y sin saber por qué desaparece.
Mírame , cariño mío no tengas miedo de nada pues tu madre te protege a través de la alambrada.
Sus manos miran al cielo heladas por la mañana pidiendo un poco de tiempo para poder calentarlas.
De sus labios, como escarchas miles de reproches saltan topándose con paredes sucias y desesperadas.
Niña de mi corazón tesoro de mis entrañas aguanta un poco la espera que se hace un poco larga.
Sus labios cantan canciones que escuchaba en la mañana.
Mañanas de días felices mañanas de luz y calma mañanas donde las gente cantaban bellas baladas.
Las estrellas la contemplan risueñas y engalanadas mientras la suave brisa en su pelo se enmaraña.
No tengas miedo, mi cielo no tengas miedo de nada pues tu madre te contempla a través de la alambrada.
Y cuando la justicia llegue y traiga la deseada calma acuérdate de tu madre que entre lágrimas velaba a través de la alambrada.